A veces escribo sin querer. Escribo sin que estés –rogándote que vuelvas– textos sin forma, sin sentido, sin significado. Textos que nunca ven la luz del Sol y, por consiguiente, no existen. Porque ¿para qué escribir si no es para que alguien te lea? No importa cuántos, ni quiénes, pero cualquier fragmento –por corto que sea– necesita lectores. Y estos textos no los tienen, están incompletos.
Tan incompleta como me siento yo sin ti.
No soporto la idea de perderme, pero aún menos la de perder a quien compone el 100% de mí.
Últimamente apenas pasas tiempo a mi lado; nuestros encuentros son tan esporádicos que no puedo saborearlos, solo resignarme a ver cómo juegas conmigo y te diviertes a mi costa. Me encantaría alargar cada segundo que pasamos, amarrarte a mí; pero cortarte las alas le quitaría por completo el sentido a nuestra relación. No puedo. No puedo hacer eso cuando todo lo que ansío es verte volar libre y tan alto como te plazca.
Pese a todo, permítete pedirte algo: vuelve. Vuelve cuando te dé la gana, pero vuelve.
Porque si no lo haces, dime...
¿Qué sería de mí sin ti, caprichosa y escurridiza inspiración? Estaría perdida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario